En minutos en los que por aquí las noticias están relacionadas con la muerte de Tirofijo, de lo que seguramente hablaremos en otro encuentro, quiero tomarme unos segundos para, con la intención de continuar con la ventana abierta la semana pasada, hablar de las políticas migratorias en Europa y las polémicas desatadas por las expulsiones de gitanos en Francia.
Tenemos que arrancar explicando qué fue lo que pasó. El gobierno del presidente Nicolás Sarkozy, que arrancó en el 2007 como un símbolo de reivindicación del alicaído espíritu francés y como una esperanza para la recuperación económica de Europa, ha visto como sus políticas internas, sus escándalos personales y los pocos resultados en la solución de la crisis financiera, ha hecho que, con la intención de recuperar un poco de su popularidad, prometiera la expulsión de su territorio de 700 gitanos hacia Rumania, fundamentándose en el respeto de las leyes de inmigración francesas.
Vamos a ver. Las leyes están hechas para ser cumplidas, y, a pesar de las normas de tránsito comunitario en Europa, los inmigrantes tienen que respetarlas para permanecer en sus territorios. Los ilegales son personas que están incumpliendo los códigos y constituciones y como tal tienen que ser sancionados.
El problema que se está viendo aquí es la estigmatización de una raza, una cultura o unos personajes específicos. Y esto no es nuevo. Ya hemos visto estos casos en otros momentos históricos. Llámense judíos, rusos, persas, kurdos o gitanos, pueblos enteros han sido expulsados de territorios consolidados, o por consolidar, basándose en leyes y constituciones legalmente tramitadas. Se estaban cumpliendo las normas… ¿Pero a qué costo?
Después de los encandecidos debates que arrancó la polémica ley de señalamiento de inmigrantes en Arizona, Estados Unidos, estas acciones impulsadas por Francia es un golpe más contra la globalización social y contra la unidad europea. Cabe recordar que Rumania es el miembro 27 de la Unión y sus ciudadanos, aunque sean tan particulares como los gitanos, tienen derecho de libro circulación por los países miembros y acceso a trabajo por hasta tres meses sin permisos específicos.
Sin ilusión de impulsar el incumplimiento de la ley, las ideas racistas sobre las que se sostienen estas acciones estatales desconocen una realidad de a pulso de nuestra sociedad contemporánea, y es que los países se construyen en una delicada balanza entre los nacionales y extranjeros, que al final enriquecen las culturas y dinámicas sociales.
El racismo legal es una estrategia de acción histórica, pero que con la evolución actual de la sociedad no tiene un espacio lógico. Esa una idea de épocas oscuras, que se creían parte de un pasado muy lejano... Que equivocado estaba.
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