Benjamín Franklin, uno de los padres de la independencia estadounidense y una de las mentes más brillantes de la historia contemporánea, comenzó su proceso de formación intelectual y revolucionaria como periodista en Filadelfia, donde se destacó por el humor con el que transmitía sus mensajes, permitiendo que estos profundizaran y trascendieran en la construcción de la Sociedad. El humor ha sido usado como un vehículo para la construcción de conciencia y de reacción social. Con la muerte de Jaime Garzón, los violentos le quitaron a Colombia la posibilidad de construir su identidad con la risa y no con el llanto.
En un mes como estos hace diez años, como fruto de la intrascendencia y la cultura mafiosa con la que hemos manchado nuestra historia nacional, las balas silenciaban no solamente la voz de Jaime Garzón sino que le quitaban a Colombia la posibilidad de usar la risa para construir una acción social.
Con productos como Zoociedad, Quaq y las entrevistas de Heriberto de la Calle, Garzón se convirtió en la voz disonante, que a través del humor le decía al país lo que no estaba bien, usando muchas veces el ridículo para proponer las soluciones a nuestros increíbles problemas. Las personas podían ver en la risa el camino más directo hacia la verdad pacífica que construye los puentes de reconciliación en una sociedad tan rota como la nuestra.
Durante el debate electoral que desembocó en la elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos, los medios de comunicación, siguiendo agendas propias o marcadas por los actores políticos, jugaron un papel fundamental dejando un espacio de suma importancia para aquellas opiniones que usaban el humor como vehículo para hacerle llagar los mensajes al gran público.
Famosos fueron los ejemplos de figuras como Bill Maher y David Letterman que a través de críticas mordaces reflejaron lo que estaba bien o mal e impulsaron a la sociedad a actuar. Y ni que decir de lo hecho por el elenco de Saturday Night Live, que incluso llevó a que los mismos candidatos fueran al show a reírse de si mismos y muchas veces del mensaje que defendían.
No había miedo a decir la verdad, no había miedo al debate, que entre republicanos y demócratas muchas veces llega a puntos realmente infranqueables, no había miedo a reír. No es cuestión de riqueza o modernidad. Los norteamericanos no son modelos a seguir en la gran mayoría de sus cosas, bueno eso antes de la llegada de Obama, pero si podemos aprenderles algo es a usar el humor como catalizador y conductor de nuestros mensajes.
Allá también han existido asesinatos impunes y censura estatal, claro está que santos no son. Pero el miedo no se ha impuesto, la inteligencia se ha unido con el humor y han asumido su papel como el mejor canal para la denuncia y la construcción de la sociedad. En Colombia llevamos diez años confiándole eso exclusivamente a La Luciérnaga.
Cuando, como Heriberto de la Calle, Garzón entrevistó a Juan Manuel Galán mencionó que el gran recuerdo que tenía de Luis Carlos Galán, otro magnicidio que engruesa la lista de los crímenes impunes en nuestra sociedad, era que por una idea había que dar la vida, un concepto que lastimosamente cada vez es más literal aquí.
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