Hace unos días estábamos conmemoramos los nueve años de los terribles atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono, en Nueva York y Washington. Un evento histórico del que aún estamos viviendo las consecuencias que trajo, a nivel político y económico. Sin embargo, hoy quisiera hablar de una nueva pata que le salió al gato, el levantamiento de un nuevo radicalismo de derecha dentro de la sociedad norteamericana.
Vamos a ver, los amoríos de algunas facciones del blanco americano con la extrema derecha, casi siempre originada en el partido republicano e íntimamente relacionada con el conservatismo recalcitrante, no son nuevos. Ya lo retrataba muy bien D.W. Griffith en el Nacimiento de una Nación. Sin embargo causa curiosidad, y en ciertos espacios miedo, las polémicas creadas por la construcción de una mezquita en Manhattan cerca de la Zona Cero, las convocatorias a quemar copias del Corán hechas por un pastor, que ante la necesidad imperiosa de sumar más adeptos a su congregación, de 50 personas, no se le ocurrió mejor idea que salir a los medios a convocar a manifestaciones dignas de la Alemania de los años 30 o la Venezuela del siglo XXI.
Pero sobretodo, me despierta una profunda curiosidad el movimiento fundado en el 2009 conocido como el Tea Party, que rememorando a los colonos revolucionarios que se levantaron en contra de nuevos impuestos por la corona británica a finales del siglo XVIII, han surgido como una alternativa para aquellos radicales estadounidenses que quieren un estado NO interventor, sin inmigrantes, y de paso, si se puede, sin minorías en cargos de poder.
Es conveniente que los americanos de una vez por todas entiendan que el papel que tienen que jugar en el mundo no es el de replicar el ejemplo de Superman y luchar por la libertad y la democracia. Ya cada país que se haga responsable de su desorden.
Su función debe ser, en tiempos de globalización, estabilizar su mercado interior, su economía, servir de verdadero y eficaz mediador en conflictos mundiales y asumir su posición como uno de los ejes centrales de las relaciones internacionales.
Deben dejar el miedo a lo diferente. Permitirle al presidente Barack Obama continuar con su labor, que a pesar de si mismos, está logrando hacer historia con la reforma de la salud y poniendo en cintura el desastre creado en Wall Street por las normas de la administración Bush.
Ahora, tengo claro que dentro de poco tendré que despertar y ver como los del Tea Party ganan algunos escaños en las elecciones de noviembre y el avance hecho hace dos años en la elección presidencial, comenzará a encontrar la fórmula de retroceso. Habrá que seguir mirando al sur.
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