Al final de nuestro anterior encuentro, prometimos hablar de Venezuela, pero viendo la evolución de los momentos y argumentos, veo necesario ampliar un poco más la exposición. Tenemos que hablar de Hugo Chávez y su elevación como dictador supremo de Venezuela, con el beneplácito de los mismos venezolanos - es que cada país tiene el gobernante que se merece, y vaya si nosotros también nos merecemos el que tenemos - pero también debemos hablar de las alternativas que se presentan para el manejo del desastre que nosotros llamamos “relaciones internacionales colombianas”.
Inundan la red las entrevistas que el entonces candidato, coronel golpista del ejército venezolano, Hugo Chávez Frías en las que decía que Cuba era una dictadura y el rechazo a la nacionalización de las empresas en Venezuela. Es bastante curioso ver a un Chávez más delgado y con un tono discursivo menos belicista de lo que hemos podido disfrutar, aquellos que vemos todo esto como un gran circo, en los últimos 20 meses.
Podemos desgastarnos en comparaciones históricas entre la forma de subir al poder y de gobernar entre Hitler y Hugo Chávez, que como comparaciones son válidas gracias a las inapelables similitudes, o si Venezuela es una dictadura o no, aunque la concepción de democracia que manejan en el país vecino es bastante particular, muy parecida a la que manejamos nosotros aquí, así que podríamos salir mal parados si abrimos esa caja. Prefiero enfocarme en la forma de manejar las relaciones internacionales del régimen chavista.
Después del torpe golpe estado realizado en el 2001 en Venezuela, el presidente Chávez radicalizó su discurso y aceleró la unificación del poder interno entorno a su figura, amplió con mucha inteligencia su círculo de influencia en América Central y Sur América, aprovechándose de los precios del petróleo que le regalaron desde Washington y la profunda hambre clientelista de países como Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Argentina.
Con este nuevo círculo de confianza creo el ALBA, movimiento bolivariano de unificación latinoamericana, y aprovecho el cambio político en Brasil y Chile para crear alianzas políticas sólidas dejando a países de tintes de derecha, como Perú, México y Colombia, como supuestos enemigos de la integración americana o como ‘cachorros del imperio'.
Y aquí tenemos que detenernos y analizar que los gobiernos del tinte populista como el de Chávez sustentan su poder al interior de sus fronteras, a través de elección de supuestos enemigos externos que se convierten en amenazas imaginarias a las seudo revoluciones que estos personifican, que en muchos casos no son más que cortinas de humo para actuaciones irregulares que van en contra de los derechos de los pueblos. Sin esas amenazas, estos discursos perderían su validez y las justificaciones utilizadas para imponer leyes abusivas que van desde la nacionalización de empresas hasta la prohibición del golf, obviamente por ser este un deporte impulsado por el imperio, por eso era uno de los favoritos del Ché Guevara y de Fidel Castro, quedaría sustentadas por el aire de Miraflores.
Ahora, este discurso ha encontrado eco en gobiernos como el colombiano que torpemente ha manejado sus relaciones internacionales utilizando los medios de comunicación para lanzar acusaciones sobre las supuestas vinculaciones ilegales del gobierno venezolano con los grupos irregulares de nuestro país.
Está clara la simpatía de Chávez con las FARC, recordemos la petición para declarar al grupo guerrillero como grupo insurgente y los múltiples homenajes tras las muertes de Raúl Reyes y Manuel Marulanda. Sin embargo, en el mundo de la política internacional, eso no nos justifica para construir a través de los micrófonos de los medios simpatizantes de Palacio, o aquellos llevados por comunicadores sin criterio y formación, nuestras relaciones exteriores.
El precandidato del Partido Liberal, Rafael Pardo, argumentó que si queríamos de verdad sentar un precedente ante el continente y ante nuestros abusivos vecinos, teníamos herramientas de sobra en las diferentes instituciones de la Sociedad Internacional. Podríamos denunciar a Venezuela y Ecuador por realizar bloqueos comerciales, práctica castigada por la Carta de las Naciones Unidas, a través de los cuales buscan presionar cambios normativos en Colombia. Una posición inteligente, un poco diferente a aquella que decía que teníamos que llevarlos a la Corte Penal Internacional por apoyar grupos terroristas… soberana tontería.
Si tuviéramos una política exterior coherente, tanto en contenido como en comportamiento, sabríamos como actuar con personajes como este… lastimosamente en este pueblo del lejano oeste, el sheriff está más preocupado en su reelección.
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